El modo del bautismo

Por Ron Hanko [1]

Al hablar del modo de bautismo no deseamos oponernos sin razón a nadie o promover división dentro de la iglesia de Cristo. Es nuestro deseo más profundo ver la unidad en estos asuntos, especialmente con aquellos que son de otra forma de pensar a la nuestra.

Sin embargo, a menudo escuchamos decir que no hay ninguna base bíblica para derramar o esparcir agua a bebés y que tal práctica no es más que un remanente del Catolicismo Romano entre las iglesias Protestantes. De hecho, hay un número de libros anti-calvinistas en el mercado que simplemente asumen que si una iglesia bautiza infantes también debe de estar equivocada en otros asuntos doctrinales.

En lo que se refiere al modo de bautismo, no sólo creemos que hay una sana, base bíblica para la práctica de la aspersión o derramamiento de agua, pero que es el único modo de bautismo reconocido por la Escritura. Por lo tanto echemos un vistazo más de cerca a esta importancia.

En cuanto a la acusación de que la aspersión es simplemente una transferencia o remanencia del Romanismo, cabe señalar que esto no es un argumento en absoluto. Si todo lo que Roma enseña que se encuentra en el Protestantismo debe ser descartado, en todo caso incluso la doctrina de la Trinidad tiene que ser echada a fuera. Por otra parte, la liturgia Romana para el bautismo de los niños dice en sus instrucciones que, para cuyas personas realizan el bautismo; “Él debe de sumergir al niño o verter el agua en él.” Roma, también, sumerge. Por lo tanto los llamados argumentos sobre el Romanismo pueden ser dejados de lado.

En cuanto al fundamento bíblico para rociar o derramar agua en el bautismo a los niños, la evidencia nos parece ser inequívoca. Señalaremos los siguientes hechos: Todos los bautismos ceremoniales del Antiguo Testamento eran por aspersión o rocío. Que estos eran realmente bautizos se desprende de Hebreo 9:10, donde la palabra del Nuevo Testamento para bautismo se utiliza para referirse a ellos, pero se traduce como “lavamientos” (ver también Hebreos 9:13, 19, 21). Por otra parte el bautismo del Espíritu Santo, simbolizado por el bautismo en agua en la Escritura, siempre se describe en relación al rocío o derramamiento (Isaías 44:3; Ezequiel 36:25; Joel 2:28, 29; Mal 3:10; Hechos 2:17, 18; Hechos 10:44; 45).

Del mismo modo la aplicación hacia nosotros de la sangre de Cristo, simbolizada por el agua del bautismo, siempre se describe en las Escrituras como aspersión o rocío también (Isaías 52:15; Hebreos 10:22; Hebreos 12:24; 1 Pedro 1:2).

Los grandes bautismos típicos del Antiguo Testamento llamados bautizos en el Nuevo Testamento (1 Corintios 10:2; 1 Pedro 3:20, 21), no fueron por inmersión. De hecho, los únicos que estaban siendo sumergidos en estos bautismos eran Faraón y sus ejércitos y el mundo de los impíos en el tiempo de Noé. Así como también los impíos serán sumergidos en el lago de fuego. La inmersión es una imagen, creemos, de juicio, no de la salvación en sí.


[1] Tomado de Doctrine According to Godliness por Ronald Hanko, pp. 259-260. Título en inglés: The Modo of Baptism.

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