El Pacto Bíblico de la Gracia

Por John W. Robbins [1]

“Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.    Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.    Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.    ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?    El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?    ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.    ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios, el que también intercede por nosotros.    ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?    Como está escrito:  Por causa de ti somos muertos todo el tiempo;  Somos contados como ovejas de matadero.    Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.    Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,    ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 8:28-39)

Este es el Pacto soberano de Dios de la Gracia, y es totalmente eficaz en todos sus sentidos; nada ni nadie pueden frustrarlo. Este Pacto se hace exclusivamente con Cristo y los elegidos del Padre y a los cuales solo, las promesas de la vida y de la salvación les pertenecen.

En esta etapa de su argumento extendido Pablo usa la doctrina de la elección (individual, por supuesto), para defensa contra la acusación de que Dios no ha mantenido Su Pacto prometido a los Judíos, y que por ende Su Palabra no tiene ningún efecto al final. El argumento de Pablo es, en resumen, que Dios no había hecho ninguna promesa de salvación a todos los hijos de Abraham, ni siquiera a todos los de la circuncisión en sí, sino sólo a Su pueblo electo. Del mismo modo que la elección de Dios es de algunos solamente, como la muerte de Cristo es por algunos solamente, del mismo modo en el Pacto de gracia la promesa de salvación es solo para algunos. El Pacto no es una promesa a todos los hombres, ni siquiera a todos los que están circuncidados o bautizados, sino sólo para los que son elegidos por Dios en Cristo Jesús desde antes de la fundación del mundo.

Pablo escribe: “No que la palabra de Dios haya fallado; porque no todos los que descienden de Israel son israelitas ni por ser descendientes de Abraham, son todos hijos; sino: En Isaac te será llamada descendencia.“ (Romanos 9: 6-7). Pablo insiste en que Dios cumple sus promesas, que Su Palabra de hecho se ha cumplido y tiene efecto. El problema no está en las promesas de Dios sino con los Judíos que malinterpretan las promesas, pensando que Dios ha hecho promesas a todos los descendientes de Abraham, Isaac, y Jacob. Para esto Pablo responde: “no todos los que descienden de Israel son israelitas” y “ni por ser descendientes de Abraham [son herederos de la promesas]” con esto resona su declaración en el capítulo 2: “Pues no es judío el que lo es exteriormente”, visiblemente, pero “sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón” invisiblemente. Pablo cita el Antiguo Testamento haciendo esa aclaración, si sólo los Judíos hubiesen creído la escritura de Moisés en Génesis 21:12:  “porque en Isaac [no Ismael] te será llamada descendencia” Pero la realidad no fue así, ya que mientras ellos afirmaban confiar en Moisés como dijo Jesús, ellos lo hicieron no entendiendo ni creyendo las palabras de Moisés en Génesis 21.

Pablo continúa: “Esto es: No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios, sino que los que son hijos según la promesa son contados como descendientes. Porque la palabra de la promesa es esta: Por este tiempo vendré, y Sara tendrá un hijo” (Romanos 9: 8-9). Pablo saca una antítesis entre los hijos de Dios y los hijos de la carne, que no son los hijos de la promesa de Dios: “No los que son hijos según la carne son los hijos de Dios” Aquellos a quienes los Judíos creían ser los hijos de Dios no son. “Y no sólo esto, sino también cuando Rebeca concibió de uno, de Isaac nuestro padre (pues no habían aún nacido, ni habían hecho aún ni bien ni mal, para que el propósito de Dios conforme a la elección permaneciese, no por las obras sino por el que llama), se le dijo: El mayor servirá al menor. Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” (Romanos 9: 10-13).

Pablo lleva el argumento a un paso más allá. No sólo es que en la línea de la circuncisión, Ismael no es identificado con los hijos de Dios y hecho beneficiario de las promesas de Dios a pesar de que era hijo de Abraham y llevara el signo del pacto, sino que incluso no todos los hijos de Isaac son hijos de Dios pues, “Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí.” Los hijos de Dios son los que Dios ha elegido, y sólo a ellos las promesas del Pacto de gracia son hechas.

Pablo continúa su argumento en contra de los Judíos incrédulos: “¿Qué, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios? En ninguna manera. Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca. Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia.” (Romanos 9:14-16) El desempeño del pecador ya sea antes o después del bautismo o de la circuncisión, contribuye precisamente en nada para su salvación. El Pacto es soberano; sus términos se fijaron unilateralmente; y esos términos se cumplen por el Dios-hombre que representa a Su pueblo. El Pacto de Gracia logra exactamente lo que Dios quiere. Es a un remanente, no a todos los hijos de Israel ni a todos los miembros de la iglesia que Dios hizo Sus promesas.

También Isaías clama tocante a Israel: Si fuere el número de los hijos de Israel como la arena del mar, tan sólo el remanente será salvo; porque el Señor ejecutará su sentencia sobre la tierra en justicia y con prontitud.  Y como antes dijo Isaías:  Si el Señor de los ejércitos no nos hubiera dejado descendencia,  Como Sodoma habríamos venido a ser, y a Gomorra seríamos semejantes. La justicia que es por fe ¿Qué, pues, diremos? Que los gentiles, que no iban tras la justicia, han alcanzado la justicia, es decir, la justicia que es por fe; mas Israel, que iba tras una ley de justicia, no la alcanzó.  ¿Por qué? Porque iban tras ella no por fe, sino como por obras de la ley, pues tropezaron en la piedra de tropiezo,    como está escrito:  He aquí pongo en Sion piedra de tropiezo y roca de caída;  Y el que creyere en él, no será avergonzado (Romanos 9:27-33)

Pablo explica el Pacto de Gracia en términos de elección sobre personas individuales. Cualquier interpretación del Pacto que excluye o minimiza la doctrina de la elección individual es una interpretación falsa. Ministros hoy en día de buena reputación en varias denominaciones, están enseñando que el Pacto de la Gracia es condicional, que se hace con todos los que son bautizados, que se entiende mejor si dejamos de lado la doctrina de la elección incondicional, y que la salvación de los bautizados depende de su cumplimiento de los términos del pacto, lo cual es un error al Pacto Bíblico de la Gracia de Dios.


[1] Not Reformed at all, John W. Robbins and Sean Gerety pages 92-95.

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