Los escritos olvidados de A.W. Pink (1)

A continuación transcribo parte de los escritos olvidados [1] de este gran libro clásico de la fe cristiana, La soberanía de Dios de A.W. Pink [2]. Capitulo omitido por The Banner of Truth [3]:

LA SOBERANÍA DE DIOS EN LA REPROBACIÓN

Exposición: En el presente estudio examinaremos siete pasajes que representan al Padre haciendo su selección de entre los hijos de los hombres y predestinando a ciertos de ellos para ser conformados a la imagen de Su Hijo. El lector pensador naturalmente preguntará: ¿Y qué de los que no fueron designados a vida eterna?. La respuesta que normalmente se da a esta pregunta, aún por los que profesan creer lo que las Escrituras enseñan en relación con la soberanía de Dios es: Que Dios pasa por alto a los “no-elegidos“, dejándoles solos para seguir sus propios caminos y al fin los hecha al “Lago de Fuego” porque ellos rehusaron Su camino y rechazaron al Salvador. Pero esto es sólo parte de la verdad. La otra parte, la que es más ofensiva a la mente carnal, es ignorada o no aceptada.

En vista de la solemnidad del tema y del hecho de que casi todos hoy día, aún de los que profesan ser calvinistas rechazan y repudian esta doctrina, y es en vista del hecho de que este es uno de los puntos del estudio que ciertamente causará mucha controversia, sentimos que un estudio cuidadoso del tema es apropiado. Que esta rama de la soberanía de Dios es profundamente misteriosa, lo admitimos, y aún así, no hay suficiente razón por la cual la debamos rechazar. El problema es que en estos tiempos hay muchos que reciben el testimonio de Dios, sólo hasta donde ellos pueden comprenderlo. En términos claros, lo que estamos considerando es: “¿Ha predestinado Dios a ciertas personas para la condenación?“

Que muchos serán condenados eternamente está claro en las Escrituras. Que cada uno será juzgado según sus propias obras y cosechará según haya sembrado es igualmente cierto: “Porque la condenación de los tales es justa” (Rom.3:8). Lo que vamos a probar es que Dios mismo decretó que estos “no-elegidos” escogerían el camino que ahora siguen.

De lo que hemos dicho en el capítulo anterior en relación a la elección de algunos para salvación, es lógico, aún si estuviera muda la Escritura sobre este punto, que hay un rechazamiento de los otros. Cada elección, evidente y necesariamente implica un rechazo. Si hay a quienes: “Dios ha escogido desde el principio para salvación” (2Tes.2:13), entonces hay otros a quienes Dios no ha escogido para salvación. Si hay algunos que el Padre le dio a Cristo (Juan 6:37), entonces tiene que haber otros a quienes el Padre no le dio a Cristo. Si hay unos cuyos nombres están escritos en el libro de la vida del Cordero (Apoc.21:27), entonces tiene que haber otros cuyos nombres no están escritos ahí. Esto es lo que comprobaremos.

Ahora bien, todos reconocen que desde la fundación del mundo Dios preconoció y previó a todos los que recibirían a Cristo como su Salvador, así como los que no. Entonces al conceder el nacimiento de tales personas que El sabía de antemano iban a rechazar a Cristo, los creó para condenación. Dirá alguien: “No, aunque Dios previó que estos rechazarían a Cristo, El no decretó que así harían”. Esto es evitar la verdad del asunto. Dios tenía una razón definida en crear al hombre, un propósito en crear a cada individuo, y en cuanto al destino de Sus criaturas, El propuso que unos pasarían la eternidad en El Cielo y que otros la pasarían en el Lago de Fuego. Si El previó que al crear a cierta persona, dicha persona iba a despreciar y rechazar al Salvador, y aún así sabiendo esto de antemano, trajo a la existencia a tal persona, entonces es claro que El designo y ordeno a esa persona para perdición. La fe es el don de Dios y el propósito de darla solamente a algunos, envuelve el propósito de no darla a otros. Sin fe no hay salvación- “El que cree no es condenado…el que no cree es condenado” etc., entonces, si hay descendientes de Adán que no son incluidos en el propósito de darles la fe, es que ellos son apartados para condenación.

No solo son lógicas estas conclusiones, sino también la historia las confirma. Antes de la encarnación Divina, por el espacio de casi dos mil años, la vasta mayoría de la humanidad quedó sin los medios de gracia, sin oír la predicación de la Palabra de Dios y sin ninguna revelación escrita de Su Voluntad. Por largos siglos Israel era la única nación a quien Dios dio el privilegio de recibir una revelación especial de El mismo: “En las generaciones pasadas Dios permitió que todas las naciones anduvieran en sus propios caminos” (Hech.14:16). “Solamente a vosotros he conocido de todas las familias de la tierra” (Amós 3:2). Como consecuencia, todas las demás naciones estaban también destituidas de “la fe que viene por el oír” (Rom.10:17). No sólo ignoraban quien es Dios, sino que también desconocían como agradarle.

Ahora, ¿si Dios se había propuesto la salvación de ellos, no les hubiera revelado la manera de obtenerla? ¡Pero es claro que no lo hizo!.

Si la Deidad puede, siendo consistente con Su justicia, misericordia y benevolencia, negar a algunos los medios de gracia, y guardarles en ignorancia sin fe (por razón de los pecados de sus antepasados), ¿por qué debe de considerarse como incompatible con Sus perfecciones el excluir a estos de la gracia misma y de la vida eterna que viene con la gracia?, viendo que El es el Señor y soberano tanto del fin para el cual los medios existen, y de los medios que producen el fin.

¿No es evidente también en nuestros días, que hay muchos que viven en países donde el Evangelio es predicado, países llenos de iglesias, quienes mueren como extraños a Dios y a Su Santidad?. Es cierto que los medios de gracia estaban a su alcance, a la mano, pero muchos de ellos no lo supieron. Miles nacen en hogares donde les enseñan desde la infancia que todos los cristianos son hipócritas y que los predicadores son unos charlatanes. Otros aprenden desde la cuna, estando en el catolicismo romano, que el cristianismo evangélico es herejía mortal y que es peligroso leer la Biblia. Otros que nacen dentro de la religión conocida como “ciencia cristiana” no saben más del evangelio que un pagano. La gran mayoría mueren en total ignorancia del Camino de Paz. Ahora bien, ¿no estamos obligados a concluir que fue la voluntad de Dios no comunicarles la gracia?. Si hubiera sido la voluntad de Dios en el tiempo rehusarles Su gracia, tuvo que haber sido Su voluntad desde la eternidad pasada, siendo que Su voluntad tanto como Su persona, son lo mismo ayer, hoy, y por los siglos. Que no se nos olvide que la providencia son nada menos que las manifestaciones de Su decretos. Lo que Dios hace en el tiempo es lo que se propuso en la eternidad, Su voluntad es la única causa de todos Sus hechos. Es por esta razón, que vemos, que si dejó a algunos en incredulidad final, deducimos que fue su Consejo determinado hacerlo desde antes de la fundación del mundo.

La Confesión de fe de Westminster dice: “Dios, desde la eternidad, por el consejo sabio y santo de Su propia voluntad, predestinó libre e inmutablemente, todo lo que sucede”. El fallecido Sr. F.W. Grant, un estudiante meticuloso y escritor, comentó sobre estas palabras lo siguiente: “Es una divina y perfecta verdad que Dios ha ordenado para Su propia gloria, todo lo que sucede”. Ahora bien, ¿Si esto es verdad, no queda establecida la doctrina de la reprobación? ¿Qué tipo de evento, en la historia humana, ha sucedido más que este? Que hombres y mujeres pasan de este mundo a la eternidad sin esperanza, a una eternidad de sufrimiento. Si Dios ha predestinado todo lo que acontece, entonces es necesario entender que El debe haber decretado que innumerables seres humanos pasen de este mundo como perdidos para sufrir eternamente en el lago de fuego. ¿No es esta la conclusión inevitable?.

Puede ser que el lector diga, que todo esto es lógico pero que es puro intelectualismo. Bueno, queremos decir que además de lo lógico de nuestros argumentos, hay muchos pasajes en la Santa Escritura que hablan clara y definitivamente sobre este punto; pasajes que son fáciles de entender, tan fuertes que no se pueden pasar por alto. Lo que nos deja sorprendidos es que tantos hombres buenos han refutado la innegable verdad que estos pasajes enseñan.


[1] Versión publicada al español por The Banner of Truth - 1° Edición 1966 (Mercado libre).
[2] Con revisiones más recientes pero completa la obra en ingles: www.chapellibrary.org/files/3913/7643/2884/aogo.pdf 
[3] Traducción al español cortesía de Camino, verdad y vida. (sitio web).

photo credit: Peter E. Lee via photopin cc

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