¿Sostenemos la postura de Kuyper sobre la regeneración presupuesta (en la inclusión de los hijos en el pacto)?

Por Rev. Laning James A [1].

Muchas veces, nosotros en las iglesias Reformadas protestantes, hemos sido acusados de mantener la falsa doctrina de la regeneración presupuesta de Kuyper. Muchos dicen —ya que nosotros le decimos a nuestros hijos que Dios los ama y que Cristo murió por ellos— que estamos presuponiendo que todos nuestros hijos (todos y cada uno de ellos) han sido elegidos por Dios y por lo tanto están en realidad en el pacto de gracia. A pesar de que algunos de los que nos acusan de esto están simplemente disfrutando de una falsa representación de nosotros, hay otros que en realidad no entienden cuál era realmente la postura de Kuyper ni cómo ha de distinguirse de la nuestra en cuanto al tema. Y esto lo que nos proponemos hacer en este artículo.

La postura de Kuyper sobre la regeneración presupuesta

La posición de Kuyper en cuanto a este tema constaba de dos partes. En primer lugar, él sostuvo que nosotros debemos de presuponer que todos los hijos pequeños de los creyentes están en realidad en el pacto de Dios. En segundo lugar, Kuyper enseñó que este es el presupuesto por el cual nosotros los padres creyentes los bautizamos.

Cómo debemos ver a nuestros hijos en el pacto según Kuyper

La pregunta es, ¿Qué quiso decir Kuyper cuando dijo que debemos de presuponer que todos nuestros hijos están en verdad en el pacto? Él no quiso decir que la Escritura enseña que todos los hijos de los creyentes son realmente salvos. En repetidas ocasiones él dejó muy en claro que él no estaba diciendo que Dios realmente salva a todos y cada uno de los niños nacidos de los padres creyentes. Padres piadosos —dijo— no pueden saber con certeza que todos sus hijos pequeños en realidad son regenerados. Sin embargo, él continuó diciendo que los padres deben “presuponer la posibilidad”[2] de que todos ellos sean salvos. Y, presuponiendo esto entonces, los padres ahora pueden ver e instruir a todos sus hijos como si ellos en verdad han sido elegidos por Dios y regenerados [3]. Así ellos pueden decirles que Dios los ama y que ellos pertenecen al pueblo del pacto de Dios.

Kuyper ilustra esta posición de la siguiente manera. Un minero trata todo (lo que puede tener oro) como si el todo fuera oro, a pesar de que él sabe más tarde que sólo en una fracción de ese todo se encontrará en realidad lo que es oro. Del mismo modo dice Kuyper, nosotros como padres vamos a tratar a todos nuestros hijos como si fueran realmente todos hijos de Dios, a pesar de que sabemos que más tarde se sabrá que muchos no lo eran.

Para probar su postura Kuyper cita el artículo 17 del primer artículo de los Cánones de Dort, en el cual se establece que los padres piadosos no deben dudar de la elección y de la salvación de sus hijos quiens son tomados por Dios en su infancia. La iglesia —él argumenta— debe confesar que muchos de estos niños son salvos, pero que no todos y cada uno de ellos realmente lo son. Pero, a pesar de que no se sabe con certeza que un niño en particular es salvo, es de presuponerse que es salvo, y debemos pensar y hablar de él de esta manera.

La base para el bautismo infantil según Kuyper

En segundo lugar, Kuyper sostuvo que este presupuesto de la regeneración es la base sobre la cual hemos de bautizar a nuestros hijos. Su argumento va de la siguiente manera; El sacramento del bautismo, que es para los hijos de los creyentes como para el creyente adulto, es un sello de la justicia de la fe. Ya que este sello sirve para fortalecer la fe del infante que fue bautizado, por consiguiente tiene que ser el caso de que la fe ya está presente en el niño antes de la administración del sacramento. Cuando un adulto creyente es bautizado, su fe consciente se fortalece. Y aunque el infante bautizado aún no tiene la fe consciente, él tiene el poder (o semilla) de la fe, y es esta fe que se fortalece cuando el niño es bautizado. Ya que esta fe debe estar presente en el infante antes de que el sacramento del bautismo pueda fortalecerlo, la iglesia puede bautizar infantes sólo sobre la base de la presuposición de que Dios ya ha trabajado esta fe en el corazón del niño y lo ha regenerado.

Nuestra postura en contra de Kuyper

Vemos que Kuyper se esfuerza por contrarrestar el error de muchos en la iglesia de su época, quienes presuponían que sus hijos eran no regenerados hasta que ellos llegasen a la edad adulta y se manifestara claramente que Dios había realizado una obra de gracia en ellos. Aunque nosotros estamos de acuerdo con Kuyper de que esto es un grave error, no estamos de acuerdo con su doctrina de la regeneración presupuesta que él estableció en contra de este error.

Cómo debemos ver a nuestros hijos

Nosotros, no debemos de presuponer que todos y cada uno de nuestros hijos en realidad han sido regenerados. Como bien el Rev. Herman Hoeksema solía decir, que no podemos presuponer que es verdad lo que sabemos por la Escritura no es cierto. La Escritura deja claro que no todos nuestros hijos físicos son hijos de la promesa, pues hay Esaus que nacen en la esfera del pacto (Romanos 9:6-8).

Algunos pueden argumentar que Kuyper, simplemente se refería a que debemos de ver a todos nuestros niños pequeños ya regenerados, hasta que ellos demuestren lo contrario. En la medida que esto fuese el significado de Kuyper, en efecto estamos de acuerdo con él. Pero siendo claros en nuestra postura, nosotros consideramos que nuestros niños pequeños son hijos de Dios a menos que estos crezcan y se manifieste claramente que no lo son. En otras palabras, nosotros los vemos a ellos tal y como vemos a todos los demás en la congregación. Nosotros consideramos que todos los miembros de una iglesia verdadera son hijos de Dios. Pensamos de ellos como tales y los tratamos como tales. Hacemos esto a pesar de que sabemos que siempre habrá réprobos en el ámbito del pacto. Cuando visualizamos a los miembros de la iglesia de forma individual, los consideramos a cada uno de ellos como un hijo de Dios, independientemente de que sea un niño o un anciano piadoso, esto a menos que se manifieste claramente que no lo son. Pero, viendo a la congregación en todo su conjunto, no presuponemos que todos y cada uno de los niños en la iglesia instituida sean regenerados de Dios.

Pero ¿Qué, entonces, estamos llamados a creer con certeza y firmeza con respecto a nuestros hijos? ¿A qué estamos llamados a creer como ser cierto y verdadero? Nosotros estamos llamados a creer que todos nuestros hijos reales, los hijos de la promesa, son elegidos de Dios y que Dios los regenera normalmente cuando son muy jóvenes en su infancia o incluso desde el útero de la madre (Jeremías 1:5). Estos son los niños de los cuales estamos hablando cuando leemos el Formulario de bautismo, en el cual dice que todos los pecados de nuestros hijos han sido perdonados y que son “santificados en Cristo.” Nosotros estamos hablando de nuestros hijos reales cuando decimos esto, los hijos que han nacido de nuevo por el poder de la promesa incondicional de Dios.

Algunos pueden cuestionar nuestra referencia a nuestros hijos elegidos como nuestros hijos reales. Sin embargo nosotros encontramos esta verdad enseñada —entre otros lugares— en Génesis 22:2. Allí Dios se refiere a Isaac como el único hijo de Abraham, a pesar de que también tenía a Ismael como hijo. Encontramos esta misma verdad enseñada en Gálatas 3:16, 29 que dice que la semilla de Abraham era sólo Cristo y solo aquellos que están en Cristo son la semilla de Abraham. Aplicando esto a nosotros podemos decir que nuestra verdadera semilla se compone sólo de los que están en Cristo (Efesios 1:4-5).

La base para el bautismo infantil

Por lo tanto, nosotros no bautizamos a nuestros hijos sobre la base de nuestras propias palabras, sino sobre la base de la Palabra de Dios. Si se presupone algo sin certeza, esa presuposición es en base a nuestras propias palabras, no así en la Palabra de Dios. Pero si vamos a hacer algo bueno según la Palabra de Dios, debe proceder de la fe, de una fe que se basa firmemente y únicamente en la Palabra de Dios.

De acuerdo con la respuesta 91 de nuestro Catecismo de Heidelberg, para que sea una buena obra el bautismo de nuestros niños debe proceder de la fe, debe ser hecha de acuerdo a la ley de Dios y para Su gloria. El bautismo infantil al igual que cualquier otra buena obra debe partir de una fe certera, una fe que se basa firmemente no en la presuposición del hombre sino únicamente en la infalible Palabra de Dios. La Palabra específica de Dios sobre la que se basa el bautismo es la promesa incondicional de Dios con la cual establece Su pacto con nosotros y nuestra verdadera simiente (Génesis 17: 7; Hechos 2:39). Nuestra actividad de bautizar a nuestros hijos procede de una fe en esta promesa inmutable de nuestro Dios de pacto.

Dado que esta promesa de Dios no es sólo para nosotros sino también para nuestros hijos, se nos manda entonces a bautizarlos en el nombre del Dios trino. Esto significa que nuestra actividad de bautizar a nuestros hijos pequeños procede de la fe en la promesa de Dios y se realiza de acuerdo a la ley de Dios según Su Palabra.

Así, no debemos de bautizar a nuestros hijos o hacer cualquier otra cosa sobre la base de un presupuesto incierto en nuestra mente. Nosotros debemos bautizar a nuestros hijos sobre la base de la promesa de Dios, de acuerdo con la ley de Dios. Sólo entonces el bautismo de nuestros hijos deberá ser hecho como también será hecho solo para la gloria de Dios y la edificación de Su pueblo del pacto.


[1] Do We Hold to Kuyper's View of Presupposed Regeneration?, Por Rev. Laning James A. 
[2] El holandés aquí es de mogelijkheid onderstelt. La traducción del holandés en este artciulo son hechos por el Rev. Laning James.  
[3] E Voto Dordraceno (El comentario de Kuyper sobre el Catecismo de Heidelberg), III, p. 21.

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