Abuso de la justificación

Robert Traill (1642-1716)

Objeción 1: ¿Acaso no hay una gran declinación entre los eruditos en lo que respecta a una piedad realmente práctica? ¿Somos como los protestantes y puritanos de antaño?

Respondo que la declinación y degeneración son grandes, y es razón para lamentarlo grandemente. Pero, ¿en qué radica la causa y cuál es su remedio? ¿Es porque la doctrina de la moralidad, virtud y buenas obras no se predica lo suficiente? Esto no puede ser: porque ha existido por muchos años un ministerio público en la nación que enfoca constantemente estos temas. No obstante, la nación se ha vuelto como Sodoma con todas sus inmoralidades, y el árbol de la blasfemia ha crecido tanto que la espada de las autoridades no ha podido cortar ninguna de sus ramas. ¿Es porque los hombres tienen demasiada fe en Cristo? ¿O demasiado poca? ¿O nada? ¿Acaso la fe en Cristo no incrementaría la santidad? ¿No ha sido siempre así? ¿Y no lo seguirá siendo? ¿Acaso la santidad de los primeros protestantes no era sobresaliente y brillante? La fuente de esta impiedad que prevalece en la nación es la ignorancia e incredulidad del pueblo en lo que se relaciona con el evangelio de Cristo, y esto aumenta por los muchos profetas que les mienten en el nombre del Señor.

Objeción 2: ¿Pero no abusan algunos de la gracia del evangelio y lo convierten en libertinaje?

Respuesta: Sí, algunos lo hacen, lo han hecho y lo seguirán haciendo. Pero de lo que abusan es sólo la doctrina de la gracia mal entendida y no creída. Nadie puede abusar de la gracia misma, porque su poder impide su abuso. Veamos cómo Pablo, ese heraldo bendito de esta gracia, encara esta objeción (Rom. 6:1 ss.). ¿Qué hizo para prevenir este abuso? ¿Lo hizo por medio de atenuar lo que dijo (Rom. 5:20): ¿Que la gracia abunda mucho más donde había abundado el pecado? ¿Es por medio de moler la gracia, para que los hombres no se atraganten o se empachen de ella? ¿Es por mezclar con ella un poco de la ley para hacerla más saludable? No: simplemente por reafirmar el poder y la influencia de esta gracia, dondequiera que realmente esté. Esta gracia está toda guardada como un tesoro, en Cristo Jesús, es ofrecida a todos los hombres en el evangelio, es derramada por nuestro Señor en la fe activa, y bebida por los escogidos en el ejercicio de la fe. En ellos se convierte en una fuente viva, que de hecho y necesariamente tiene que estallar y surgir en toda conversación santa. Les exhorta a absorber más y más de esta gracia por fe. Y en cuanto a los que pretenden tener la gracia pero viven en pecado, el Espíritu de Dios declara que están desprovistos de la gracia, la cual siempre fructifica en buenas obras (2 Ped. y la epístola de Judas). El apóstol ordena a las iglesias a quitar de su medio a los tales (1 Cor 5; 2 Tim. 3:5), y declarar, como lo hizo Pedro a unos que profesaban fe, que no tenían ni parte ni suerte en este asunto porque su corazón no era recto delante de Dios; aunque la doctrina era sana, ellos la profesaban hipócritamente (Hech. 8:20-21).


Tomado de Vindication of the Protestant Doctrine Concerning Justification (Vindicación de La doctrina protestante concerniente a la justificación) por Portavoz de la Gracia.

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