La Inspiración Plenaria de las Escrituras (1ra parte)

God’s Hammer. The Bible and its critics. Capítulo uno; ¿Cómo sabemos que la Biblia es inspirada?
Por Gordon H. Clark [1]

Es además hacerse notar la referencia que la Biblia hace a toda la Escritura. A esta idea le llamaremos la inspiración plenaria de las Sagradas Escrituras. Dios exhaló toda la Escritura. Las diferencias que se puedan presentar en las traducciones no afectan en nada a este punto. La Biblia de las Américas, de Weymouth, y la Biblia Alemana tienen “toda la Escritura”; la traducción francesa, la Revised Standard Version, y Moffatt coincide con la King James. Es una afirmación clara sobre la inspiración plenaria de las Escrituras. Para este versículo de 2 de Timoteo se puede añadir Juan 10:35: “la Escritura no puede ser quebrantada.” El punto exacto de la observación de Cristo en este pasaje es que la Escritura es toda autoritativa.

Otro pasaje que nos lleva al análisis de este tema es 2nda de Pedro 1:20-21: “Ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” Uno podría en un principio preguntar si hay algo de “Escritura” que no sea “profecía” y cuyo caso este versículo no se aplicaría a toda la Biblia; pues sólo se aplicaría a las profecías de la Biblia y no al resto de la Escritura. Una respuesta parcial a esta pregunta es que Moisés fue un profeta y que por lo tanto, incluso el libro de Levítico, se puede llamar profecía. La profecía no es necesariamente una predicción futura; más bien se trata de cualquier mensaje de Dios. La frase del texto “profecía de la Escritura” significa simplemente el mensaje divino como está escrito en sí. Nótese la próxima negación universal: El versículo dice: “Ninguna profecía de la Escritura”, esto cubre toda la Escritura.

Otra dificultad en el texto es la palabra privada. El contraste destinado, sin embargo, no es con una supuesta interpretación pública, sino con una divina interpretación. Es por eso que el versículo 21 explica el versículo 20; de lo contrario el segundo verso no tendría una razón inteligible para el primero. Ninguna profecía es de interpretación privada, «porque» nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo. Así, el pasaje es una fuerte afirmación del origen divino del mensaje.

Desde la última referencia se planteó la cuestión de si toda la Escritura es profecía, unos cuantos versículos más relacionados a Moisés pueden bien ser añadidos aquí. Sin embargo, el punto principal no es mostrar que Moisés era un profeta, sino más bien es para demostrar la reivindicación de la inspiración de la Biblia. Por supuesto que Moisés era un profeta. “Este es el mismo Moisés que dijo a los hijos de Israel: “Dios os levantara un profeta como yo de entre vuestros hermanos. Él te oirá ‘”(Hechos 7:37). “Desde entonces no ha vuelto a surgir en Israel un profeta como Moisés, a quien el Señor conocía cara a cara.” (Deuteronomio 34:10). Este último versículo indica que Josué era inferior a Moisés, así que Moisés podría compararse solamente con Cristo. Pues Cristo mismo dijo: “Porque si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque de mí escribió él. Pero si no creéis a sus escritos, ¿cómo creeréis a mis palabras? “(Juan 5:46, 47).

Que la autoridad profética mencionada en 2 Pedro 1:21 se aplica a todo el Antiguo Testamento se muestra no sólo en Juan 10:35 citado anteriormente, sino también en muchos otros pasajes en toda la Biblia. Romanos 3:2 designa todo el Antiguo Testamento como la Palabra de Dios. En Lucas 24:44 Jesús coloca a la Ley de Moisés, los Profetas y los Salmos en el mismo nivel. Similares designaciones se encuentran todas incluidas en Lucas 24:25, 27; Mateo 5:17; 7:12; 11:13; Hechos 3:21, 22; 26:22, 27; 28:23; Romanos 3:21. Desde estos, y otros tantos versículos se puede reunir todo el Antiguo Testamento en una sola unidad, por lo cual es posible extenderlo a toda y cuanta autoridad se afirme en cualquier parte en la Biblia.

Algunas afirmaciones muy interesantes están hechas en varias partes en la Biblia. Pedro en Hechos 2:30 llama a David un profeta, y el mismo David dice: “El Espíritu del Señor habló por mí, y su palabra estuvo en mi lengua” (2 Samuel 23:2). También Cristo (Marcos 12:36) dijo que David habló por el Espíritu Santo. Citando el salmo segundo Hechos 4:25 afirma que el Señor habló por boca de David. Esto es cierto de David no por sí solo, como se explica, sino porque Dios “habló por boca de sus santos profetas desde los tiempos antiguos” (Lucas 1:70).

Sin duda hay que añadir algunas referencias específicas a los profetas posteriores. Frases simples como “la Palabra del Señor vino a mí” y “el Señor me dijo:” y “así dice el Señor,” son demasiado numerosas para enumerarlas. Esto implican que era el Señor quien habló por boca de los profetas (para ello comparar Mateo 1:22; 2:15; Hechos 3:18). Hay, sin embargo, varios casos en que esta idea se afirma explícitamente: “Entonces extendió el Señor su mano y tocó mi boca. Y el Señor me dijo: He aquí, he puesto mis palabras en tu boca” (Jeremías 1:9; también compare con Jeremías 9:12; 13:15; 30:4; 50:1). La misma idea se expresa en Ezequiel 3:1, 4, 11, tanto gráficamente como literalmente. Después del mandato a Ezequiel de comer un pergamino que fue escrito por dentro y por fuera, el Señor le dice que diga; “Así dice el Señor Dios”

Tales son las reivindicaciones hechas por y para el Antiguo Testamento. Pero el Antiguo Testamento mira más allá pues mira hacia adelante a una completa y superior revelación. Una cuya profecías del Antiguo Testamento encuentra su culminación final y en las cuales, si no son superior en autoridad, ciertamente no son inferior.

Si la inspiración del Antiguo Testamento puede ser defendida, el caso del Nuevo Testamento debería serlo sin más argumentación. Sin embargo, para una mayor integridad al tema, algo será mencionado acerca de los reclamos del Nuevo Testamento sobre la inspiración en sí.


[1] Gordon H. Clark, God's Hammer, the Bible and its critics, pages 23-26. See more at: www.trinitylectures.org/gods-hammer-the-bible-and-its-critics-p-87.html

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