La Casa de Doctrina en Sevilla, la Reforma Española y Constantino Ponce de la Fuente

La Reforma Protestante, movimiento religioso que comenzó en el siglo XVI, no sólo afectó a los países del norte de Europa. España, cuna de la Contrarreforma y bastión de la Iglesia Católica, no fue inmune a sus influencias. Uno de los emblemas más interesantes de este encuentro entre la Reforma y España es la figura de Constantino Ponce de la Fuente y la institución de la “Casa de Doctrina” en Sevilla.

La Casa de Doctrina en Sevilla

La Casa de Doctrina, situada en Sevilla, no era un espacio dedicado a la difusión de la doctrina protestante en sentido estricto. Sin embargo, en el ambiente cultural de la ciudad, en el cual se entrecruzaban múltiples influencias, algunos de sus maestros y estudiantes se sintieron atraídos por las ideas reformistas que venían de Europa. Esta institución educativa albergaba discusiones y debates teológicos, permitiendo la circulación de ideas reformadas que chocaban con las enseñanzas oficiales de la Iglesia Católica.

Constantino Ponce de la Fuente

Constantino Ponce de la Fuente (1502-1560) es una figura central en este contexto. Nacido en Montilla, Córdoba, se trasladó a Sevilla donde se convirtió en uno de los predicadores más destacados de la catedral. Su oratoria y erudición lo hicieron un personaje respetado, pero lo que verdaderamente destaca de Ponce de la Fuente es su inclinación hacia las ideas reformistas.

Aunque nunca abrazó abiertamente el protestantismo, muchas de sus enseñanzas y escritos sugieren una simpatía hacia ciertos aspectos de la Reforma, particularmente la primacía de la Biblia y la crítica a ciertas prácticas eclesiásticas. Esta inclinación lo llevó a relacionarse con otros pensadores y teólogos de tendencia reformista en Sevilla, haciendo de la ciudad un foco de dicho movimiento en pleno corazón de la España católica.

En 1548 Constantino dejó Sevilla para unirse a la corte del infante Felipe para acompañarle en un viaje de reencuentro con su padre el Emperador por los Países Bajos y el sur de Alemania. De este viaje de Constantino acompañando al Príncipe Felipe, Juan Cristóbal Calvete de Estrella, cronista oficial de la efemérides, nos dejó la siguiente semblanza del conquense:

“El doctor Constantino, muy gran filósofo y profundo teólogo, y de los más señalados hombres en el púlpito y en la elocuencia que ha habido de grandes tiempos acá, como lo muestran bien claramente las obras que ha escrito dignas de su ingenio. Por la fiesta de Todos los Santos el predicador en Castellón hizo el oficio divino con gran solemnidad, y predicó tan singularmente como lo suele hacer siempre el Doctor Constantino. Durante la cuaresma el Príncipe pasó el tiempo en oír sermones de los grandes que en la corte había, en especial tres, los cuales eran: el Dr. Constantino, el Comisario Fray Bernardo de Fresnada y el Doctor Agustín de Cazalla, predicador del Emperador, excelentísimo teólogo y hombre de gran doctrina y elocuencia.”

De los tres grandes predicadores mencionados, dos de ellos iban a ser líderes del movimiento evangélico reformado en España: Constantino y Cazalla.

La Reforma Española

Aunque no tan conocida como la Reforma en Alemania o Inglaterra, España tuvo su propia “reforma”. Este movimiento, sin embargo, fue más subterráneo y sofocado rápidamente por la Inquisición y las autoridades eclesiásticas. La comunidad reformista en Sevilla, a la que Ponce de la Fuente estuvo vinculado, es el ejemplo más prominente de este fenómeno.

La Inquisición, al percatarse de las actividades de este círculo, actuó con rapidez y determinación. En 1559, muchos de los líderes y seguidores de la reforma sevillana fueron arrestados, juzgados y, en muchos casos, ejecutados. Constantino Ponce de la Fuente, quien había fallecido un año antes, fue condenado post-mortem, y sus obras fueron incluidas en el Index Librorum Prohibitorum, la lista de libros prohibidos por la Iglesia Católica.

Conclusión

La Casa de Doctrina en Sevilla y la figura de Constantino Ponce de la Fuente ilustran cómo las ideas reformistas hallaron eco incluso en los lugares menos esperados. Aunque la Reforma española fue efímera y violentamente reprimida, deja un testimonio de la universalidad del deseo humano de explorar, cuestionar y renovar las creencias religiosas. En la historia de la Reforma europea, la experiencia española ofrece una perspectiva única sobre el choque entre la novedad y la tradicción en una nación profundamente católica.

Conviene constatar por último, que los libros de Constantino, que más tarde serían incluidos en el Índice de libros prohibidos, durante algunos años circularon libremente por la Península y gozaron de licencia eclesiástica.

A juicio de Marcel Bataillon (un hispanista francés), de no haber intervenido la Inquisición tan vigorosa y violentamente en 1558, los grupos de reforma protestante en Sevilla, Valladolid, Salamanca, Zamora, Toro, Palencia, Logroño y otras ciudades, “hubieran acabado por convertirse en verdaderas comunidades protestantes, comparables con las que se estaban constituyendo en Francia por el mismo tiempo.”

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