Corrección a la frase; “ese decreto horrible”

A continuación una breve traducción del comentario de Gordon H. Clark a la confesión de Westminster [1] del el capítulo tres, el decreto eterno de Dios:

La confesión:

Por el decreto de Dios, y para la manifestación de su gloria, algunos seres humanos y ángeles son predestinados y pre-ordenados para vida eterna, y otros pre-ordenados para muerte eterna.

III.4 Estos ángeles y seres humanos así predestinados y preordenados, están particular e inmutablemente designados, y su número es tan cierto y definido, que no se puede aumentar ni disminuir.

III.5 A aquéllos de la humanidad que están predestinados para vida, Dios, según su eterno e inmutable propósito, y el consejo secreto y beneplácito de su voluntad, los ha escogido en Cristo para gloria eterna, antes que fueran puestos los fundamentos del mundo, por su pura y libre gracia y amor, sin la previsión de la fe o buenas obras, o la perseverancia en ninguna de ellas, o de cualquier otra cosa que haya en las criaturas, como condiciones o causas que le muevan a ello, y todo para la alabanza de la gloria de su gracia.

Clark:

“Algunos de los detractores de Calvino, siguiendo a John Wesley, atentan dar la impresión de que Calvino en sí mismo sintió una repulsión por la noción del decreto de la reprobación, y que por lo tanto probablemente no creía sinceramente en él o por lo menos tenía serias dudas acerca de él.  Ellos dicen que Calvino se refirió a la idea como un “decreto horrible”. Esta acusación contra la integridad de Calvino es mejor explicada en la base de una ignorancia del Latín. Es verdad, Calvino en Latín si se refirió a la reprobación como un decretum horribile; pero en Latín horribile no significa horrible,  sino temor-inspirado. […] Por lo tanto lo que Calvino estaba diciendo es que el decreto de la reprobación fue uno que inspira temor en la presencia de Dios.”

Las palabras de Calvino son;

‘Les vuelvo a preguntar ¿A qué se debe que la caída de Adán haya arrastrado con ella a tantos pueblos, con sus hijos, sin remedio alguno, si no es porque así agradó a Dios? ¡Estas lenguas [aquellos quienes objetan los decretos divinos] tan hábiles para el parloteo tienen que quedarse mudas ante esto! Reconozco que este decreto debe producirnos temor [2]. De todos modos, no se puede negar que Dios, antes de crear al hombre, había previsto con qué proposito lo hacía, y que lo había previsto porque así lo había decidido en su consejo.’ [3]


[1] What do Presbyterians believe?, Gordon H. Clark page 40. 
[2] Latín: decretum quidem horribile, fateor. 
[3] Institución, III xxiii, 7

photo credit: Postsumptio via photopin cc

Leave a Reply