El Dios de toda gracia

Cuando se sostiene supuestamente hablando “escrituralmente” que el termino de “gracia” se aplica solamente cuando hay pecado y con fin redentivo, se está cometiendo un error garrafal.

En este caso el pecado es necesario para que Dios sea Dios de gracia. Es una definición muy pobre que hace a Dios depender de Su creación para ser Dios de gracia. Por definición “gracia” es belleza, hermosura. Dios es gracia sin Su creación. Luego Él concede gracia según Su voluntad soberana.

Aunque es correcto decir que gracia es “un favor inmerecido”, sin embargo si solo pensamos en ella de esta forma solo estamos pensando en una definición incompleta y por ende inapropiada. Es necesario tener en nuestras mentes que gracia en sí, y en Dios es, Su hermosura y belleza eterna, y cuando Dios de forma Soberana hace partícipe a Sus criaturas de esta gracia, Él solo está concediendo un favor inmerecido a ellos para hacerlos participes de Su eterna comunión y hermosura infra trinitaria.

Por consiguiente, cuando la Escritura habla de que Dios es Dios de toda gracia, debemos entender por un lado que ella habla de Su hermosura y belleza, pues esto es una característica y un atributo eterno de Dios incluso si nosotros nunca hubiésemos sido creados o si nadie hubiese sido salvo al final. Dios es eternamente Dios de gracia. Por otro lado, debemos entender también que gracia es “un favor inmerecido”, este favor es libre y soberano por parte de Dios y lo concede a Sus criaturas según Su decreto de elección.

“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca. A él sea la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. Amén.” (1 Pedro 5:10-11).

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