Infractores del pacto

[1] Por Ronald Cammenga

El peor pecado es el pecado de romper el pacto

El peor pecado de que una persona puede hacerse culpable es el pecado de romper el pacto. El adulterio, el asesinato, la embriaguez, la homosexualidad, estos no son los peores pecados que una persona puede cometer. A pesar de que podemos sentirnos muy horrorizados por estos pecados de la carne, el pecado que debe hacernos especialmente horrorizar es este pecado, el pecado de romper el pacto de Dios.

Las Escrituras, especialmente en el Antiguo Testamento, se refieren frecuentemente al pecado de romper el pacto. En Génesis 17:14 el Señor dice acerca de aquellos que se niegan a ser circuncidados o de circuncidar a sus hijos que “… ha violado mi pacto”. En Levítico 26:15, 16 el Señor advierte a los hijos de Israel de juicio severo, si desprecian los estatutos de Dios o aborrecen Sus juicios o quebrantan su pacto. Leemos en Deuteronomio 31:16, “Y Jehová dijo a Moisés: He aquí, tú vas a dormir con tus padres, y este pueblo se levantará y fornicará tras los dioses ajenos de la tierra adonde va para estar en medio de ella; y me dejará, e invalidará mi pacto que he concertado con él.” Con respecto a los hijos de Israel en el Antiguo Testamento, leemos en el Salmo 78:10, 37: “No guardaron el pacto de Dios,  Ni quisieron andar en su ley.” “Pues sus corazones no eran rectos con él,  Ni estuvieron firmes en su pacto.” En Isaías 24:5 leemos: “Y la tierra se contaminó bajo sus moradores; porque traspasaron las leyes, falsearon el derecho, quebrantaron el pacto sempiterno.” El Señor dice acerca de Israel en Jeremías 31:32: “No como el pacto que hice con sus padres el día que tomé su mano para sacarlos de la tierra de Egipto; porque ellos invalidaron mi pacto, aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová.” En Ezequiel 44:7 el Señor acusa a los habitantes de Judá: “de traer extranjeros, incircuncisos de corazón e incircuncisos de carne, para estar en mi santuario y para contaminar mi casa; de ofrecer mi pan, la grosura y la sangre, y de invalidar mi pacto con todas vuestras abominaciones.”

Lo contrario de romper el pacto

Lo contrario de romper el pacto de Dios es guardarlo. En muchos pasajes la Palabra de Dios llama al pueblo de Dios para que éste guarde el pacto. En Génesis 17:9 Dios le dice a Abraham: “Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones.” En Éxodo 19:5 Dios dice a los hijos de Israel que han salido de la esclavitud de Egipto: “Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra.” Cuando la Palabra de Dios exhorta al pueblo de Dios a guardar el pacto de Dios, la advertencia implícita es: “No romperás el pacto del Señor tu Dios”.

¿Qué de la fidelidad de Dios en el pacto?

Surge una pregunta acerca de cómo debemos entender este pecado de romper el pacto. ¿Cómo se ajusta esto a la enseñanza de la Escritura acerca de la fidelidad de Dios en el pacto? ¿Cómo se ajusta esto al carácter eterno del pacto? ¿Cómo se ajusta esto a la soberanía de Dios en el establecimiento y mantenimiento del pacto?

Las Escrituras claramente enseñan sobre lo inquebrantable del pacto de Dios y el carácter eterno de éste. En Levítico 26, el mismo capítulo en el cual advierte contra la ruptura de Israel del pacto, el Señor promete: “Entonces yo me acordaré de mi pacto con Jacob, y asimismo de mi pacto con Isaac, y también de mi pacto con Abraham me acordaré, y haré memoria de la tierra.” “Y aun con todo esto, estando ellos en tierra de sus enemigos, yo no los desecharé, ni los abominaré para consumirlos, invalidando mi pacto con ellos; porque yo Jehová soy su Dios.” En Jueces 2:1 el Señor recuerda la promesa que había hablado a los hijos de Israel cuando Él los había sacado de la tierra de Egipto, la promesa dice: “El ángel de Jehová subió de Gilgal a Boquim, y dijo: Yo os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurado a vuestros padres, diciendo: No invalidaré jamás mi pacto con vosotros.” En 1 Reyes 8:23 Salomón se refiere a Dios como el Único, “Jehová Dios de Israel, no hay Dios como tú, ni arriba en los cielos ni abajo en la tierra, que guardas el pacto y la misericordia a tus siervos, los que andan delante de ti con todo su corazón.” El mismo Dios dice en el Salmo 89:34: “No olvidaré mi pacto,  Ni mudaré lo que ha salido de mis labios.” En Isaías 54:10, el Señor asegura Su pueblo al decir: “Porque los montes se moverán, y los collados temblarán, pero no se apartará de ti mi misericordia, ni el pacto de mi paz se quebrantará, dijo Jehová, el que tiene misericordia de ti.” Y nosotros cantamos la fidelidad del pacto de Dios en el Salterio número 425, estrofa 5: “La verdad de Jehová permanecerá para siempre, Sus lazos con el pacto no los separará.”

Un pacto condicional

Hay algunos que han tratado de armonizar la enseñanza de la Escritura con respecto a lo inquebrantable que es el pacto de Dios con aquellos pasajes de la Escritura que hablan del pecado de quebrar el pacto mediante la enseñanza de un pacto condicional. Según estas personas, todos los hijos nacidos de padres creyentes están en el pacto, poseen la promesa del pacto y reciben la gracia del pacto. Pero por su propio pecado, caen del pacto, renuncian a la promesa del pacto, y frustran las operaciones de la gracia del pacto de Dios.

Esta enseñanza de un pacto condicional, sin embargo, tiene serias dificultades y plantea más problemas de los que resuelve. La enseñanza de un pacto condicional debe ir en contra del punto central de todo hombre o mujer verdaderamente Reformado. Es una enseñanza que implica una negación de la soberanía de Dios, al menos en la salvación de los hijos del pacto. Es una negación de la preservación de los santos, de la irresistibilidad de la gracia y de la depravación total de los hijos de los creyentes. Esta no es una enseñanza que armonice la inquebrantabilidad del pacto de Dios con el rompimiento del pacto, sino más bien arroja por la ventana la inquebrantabilidad del pacto eterno de Dios.

Otros, reaccionando al arminianismo implícito en la idea de un pacto condicional, han negado por completo la posibilidad de ruptura del pacto. Con un celo aparente por la inquebrantabilidad del pacto de Dios, han sostenido firmemente que no existe tal cosa como la ruptura del pacto ni infractores en el pacto. Hablar de esta manera es peligroso, y si no arminiano por lo menos tiende hacia el arminianismo.

El problema

El problema con esta posición es que contradice claramente la clara enseñanza de la Escritura en los pasajes que hemos citado anteriormente. El lenguaje de la Escritura es claro, y usar el lenguaje de la Escritura no es algo peligroso. Sí, existe tal cosa según la Escritura de romper el pacto. Y sí, existen personas que son infractores del pacto.

Entonces, ¿Qué es este pecado de romper el pacto? ¿Qué es un infractor del pacto? ¿Y cómo podemos armonizar la ruptura del pacto con la inquebrantabilidad del pacto de Dios?

Desde cierto punto de vista, todo pecado es el pecado de ruptura del pacto. Cada pecador está en el fondo como un infractor del pacto. Esto es así porque Dios originalmente hizo al hombre como su amigo que era; capaz de estar en una relación de pacto con Dios. Esto es así porque a pesar de la caída el hombre sigue estando en el día de hoy obligado a ser, y manifestarse, como amigo de Dios y de este modo servirle. En el fondo vemos que el pecado del hombre es siempre es el mismo; que él es enemigo de Dios por su pecado. En lugar de ser un amigo y siervo de Dios él al final es el amigo y siervo del diablo.

En la esfera del pacto

Sin embargo, el pecado de ruptura del pacto es en particular el pecado de aquellos que están históricamente conectados con la línea del pacto de Dios, y con la manifestación del pacto de Dios, que es la iglesia del Señor. La ruptura del pacto es el pecado en particular de alguien dentro de la esfera del pacto. Es el pecado de alguien que ha nacido en el pacto (la manifestación del pacto de Dios que es la iglesia del Señor), nacido de padres del pacto para creer. Es el pecado de alguien que ha crecido bajo la administración del pacto de Dios. Es el pecado de aquel que ha recibido la señal y el sello del pacto en el santo bautismo. Es el pecado de alguien que ha sido instruido en el pacto por padres creyentes, maestros de escuelas cristianas y ancianos en la iglesia. Es el pecado de alguien que ha oído la predicación del evangelio del pacto. Es incluso, el pecado de alguien que ha profesado la fe en el Dios del pacto, y ha declarado públicamente que es un miembro del pacto. Pero aunque todo esto sea verdad en ese sentido, él da la espalda al pacto de Dios, renuncia a su bautismo, contradice su confesión de fe y abandona la iglesia del Señor para siempre.

El escritor de la Epístola a los Hebreos se refiere a estos infractores del pacto en Hebreos 10:29: “¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? “

¡Son infractores del pacto!

¿Esto contradice en todo la enseñanza de la inquebrantabilidad del pacto de Dios? ¿Esto destruye el carácter eterno del pacto de gracia? ¿Esto implica de alguna manera que estas personas fueron realmente miembros genuinos por gracia del pacto de Dios? De ningún modo. Las Escrituras describen el pecado de estas personas desde su propio punto de vista. Ellos nacieron y fueron educados dentro de la esfera del pacto (la manifestación del pacto de Dios que es la iglesia del Señor). Recibieron el sacramento del pacto. Ellos profesaron ser miembros del pacto. Ellos dijeron que creían en el Dios del pacto. Ellos dijeron que andaban en el camino del pacto y en los mandamientos de Dios. Aparentaban por un tiempo para otros ser miembros del pacto de Dios. Pero todo esto era sólo una apariencia. Nunca fueron en realidad miembros genuinos del pacto como lo demuestran su caída y ruptura del pacto.

Pasajes como Josué 23:16, 1 Reyes 19:10, y 2 Reyes 18: 12 hablan del pecado de la ruptura del pacto y también describen la causa de este pecado. Según estos pasajes, los que son culpables de una ruptura de pacto al casarse con los paganos, se hacen amigos de los paganos que son enemigos de Dios, rechazan a los profetas de Dios y la Palabra de Dios mismo a travéz de ellos, arrojan los altares de Dios, e introducen la adoración de ídolos. No sólo rompen el pacto sino que se manifiestan como enemigos del pacto y del Dios del pacto.

¡Esto hace que su pecado sea serio! ¡Son infractores del pacto!

Sus pecados no son el pecado de los paganos. Sus pecados no son el pecado de los que están fuera de la iglesia y de la administración de los medios de la gracia. Sino más bien sus pecados son el pecado del pacto. Los pecados de ellos son un pecado contra la gracia. De este modo su culpa se incrementa y su juicio se agrava. Puesto que este es el pecado de los que están dentro de la esfera del pacto, este es un pecado contra el cual necesitamos ser advertidos quienes estamos en la manifestación del pacto de Dios que es la iglesia del Señor. Es un pecado contra el cual todos nuestros jóvenes necesitan ser advertidos.

Advertencia final

Inmediatamente después de que el escritor de la Epístola a los Hebreos se refiere a los que son culpables de transgredir el pacto, de despreciar la sangre del pacto, advierte en Hebreos 10:30-31, “Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo!”

Que Dios nos dé la gracia para guardar Su pacto. Que andemos en obediencia a Él en Su comunión por Jesucristo y en contra del mundo perverso. Y especialmente que como jóvenes se imprima ésto en nuestras conciencias; “¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.” (Santiago 4:4). En el camino de perseverar en fe en guardar Su pacto que Dios traiga sobre nosotros todas las bendiciones del pacto.


[1] Cammenga Ronald, "Covenant Breaking" The Standard Bearer, Issue: 9, 2/1/1986.

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