La concepción correcta del Ordo Salutis

Por Herman Hoeksema [1]

Con el fin de obtener una concepción correcta del Ordo Salutis, nosotros debemos tener en mente varias distinciones validas primeramente. Es verdad que en cierto sentido la justificación puede ser tratada bajo el título de teología en relación con los decretos de Dios, pues en el decreto nosotros ya somos justificados desde la eternidad, esto según Romanos 8:1. “Por consiguiente, no hay ahora condenación para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne sino conforme al Espíritu.” El “ahora” en este texto no debe ser mal entendido como un modificador temporal, sino más bien en el sentido lógico. En otras palabras, nunca ha habido, no hay y nunca habrá ninguna condenación para aquellos quienes están en Cristo Jesús.

La justificación puede además ser tratada en relación a la obra de Cristo en su humillación y exaltación, ya que el sufrimiento y la muerte de Cristo es la base meritoria de nuestra justificación mientras que en Su resurrección, Dios pone Su sello sobre nuestra justificación, esto según Romanos 4:25 “el cual fue entregado por causa de nuestras transgresiones y resucitado por causa de nuestra justificación.” Note que en ambas frases de este texto el caso acusativo (“por” RV1960) debe ser traducido “a causa de.” Cristo fue entregado a causa de nuestras transgresiones como Él fue resucitado a causa de nuestra justificación.

No obstante, en soteología, la cuestión es sobre la aplicación de este beneficio de la justificación al corazón del pecador elegido. Así, se sigue con el propósito de la fe salvífica; que nosotros después de todo, somos justificados por la sola fe. “Por lo tanto, habiendo sido justificados por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo” (Romanos 5:1). Debemos mantener esta línea subjetiva de la aplicación de los beneficios de la salvación en Cristo Jesús. Es además necesario el distinguir entre lo que es forjado por Dios en la subconsciencia como lo que es forjado por Dios en la conciencia del pecador.

Nosotros bien podemos hablar indudablemente de y distinguidamente entre, la regeneración en el sentido más estrecho como en el sentido más amplio. En el sentido más amplio la regeneración incluye llamado y conversión. En el sentido más estrecho nadie puede ver el reino de Dios sin antes haber nacido de nuevo; “Respondió Jesús y le dijo: En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3). También podemos hablar de la regeneración que es a través de la Palabra de Dios “En el ejercicio de su voluntad, El nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que fuéramos las primicias de sus criaturas.” (Santiago 1:18). Y que por medio de este llamado, en el sentido completo, el pecador regenerado es trasladado antes de cualquier conocimiento de la oscuridad a la luz admirable de Cristo. Luego a través del mismo llamado él alcanza una fe consciente, que le guía al conocimiento de su justificación, a la adopción como hijo, y a la paz ante Dios. Y así, a través del mismo llamado por la Palabra de Dios, que él es también santificado y habilitado para llevar frutos hacia toda buena obra.

Teniendo todo esto en mente entonces nosotros llegamos a las siguientes conclusiones con respecto a la secuencia del Ordo Salutis, el cual es; regeneración, llamado, fe salvífica, conversión, justificación, santificación, preservación y perseverancia, y glorificación.


[1] Tomado de Reformed dogmatics por Herman Hoeksema, pp. 24-25. Título en inglés: The correct conception of the Ordo Salutis.

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