La prueba de la Inspiración (1ra parte)

God’s Hammer. The Bible and its critics. Capítulo uno; ¿Cómo sabemos que la Biblia es inspirada?
Por Gordon H. Clark [1]

El punto ya se ha dicho, que para convencer a una persona de la inspiración de la Biblia es correcto y prácticamente indispensable demostrar que la Biblia misma hace dicha afirmación sobre inspiración. Si la Biblia no hiciese tal afirmación, entonces sería muy difícil defender esta doctrina. Ahora, aunque no toda afirmación es verdadera (algunas personas y algunos libros hacen afirmaciones falsas) la manera en que la Biblia hace el reclamo de ser inspirada nos limita a un rango muy estrecho de dos elecciones. Sólo un fragmento muy pequeño sobre los reclamos que la Biblia hace sobre inspiración han sido ya citados explícitamente en este capítulo. Si todas las referencias que la Biblia hace sobre su propia inspiración fueran citadas, sería evidente que esta afirmación de inspiración está totalmente penetrada en toda la Escritura. No puede ser considerado como un error accidental en uno o dos libros ni como un exceso de entusiasmo temporal en uno o dos escritores en sí. La pretensión de la inspiración de la Biblia está impregna en todas partes.

Si Moisés y los profetas se equivocaron al hacer este reclamo, si los apóstoles asimismo fueron engañados y si nuestro Señor mismo entretuvo nociones equivocadas sobre la inspiración verbal de la Escritura, ¿qué seguridad puede tener alguien en relación con otras cuestiones que los apóstoles o profetas escribieron? ¿Hay alguna razón para suponer que los hombres quienes estaban tan uniformemente en el error en cuanto a la fuente de su mensaje puedan haber tenido alguna idea superior y un conocimiento preciso sobre la relación entre Dios y el hombre? ¿Por qué tenemos hoy creer que Dios amó tanto al mundo o que un pecador es justificado por la fe si al final no fue Dios quien inspiró a Juan y Pablo sobre esta información? Y por último, ¿quién puede profesar tener una relación personal con Jesucristo y aun así contradecir consistentemente sus afirmaciones de que la Escritura no pueden ser quebrantada? Entonces, por consiguiente, uno está muy limitado a una elección muy estrecha; o bien la Biblia es un fraude sin valor y Jesús era solo un mártir iluso, o la Biblia es verdad sobre la Palabra de Dios Escrita.

Cuando la gente se ve encerrada en estas dos opciones, algunas de ellas serán inducidas a aceptar la plenaria e inspiración verbal de la Escritura -pues no pueden negar la confiabilidad general de la Biblia como las evidencias arqueológicas y además y se sienten obligados a reconocer su excelencia espiritual-. Otros sin embargo, elegirán lo contrario. Ellos reconocerán abiertamente que las enseñanzas de la Biblia forman una túnica sin costura, ellos rechazarán constantemente la Biblia en su totalidad repudiando así Sus ideales y mirando con lástima o desprecio por su iluso Mesías.

Si el creyente desea defender las afirmaciones del Cristianismo contra ese rechazo tan abierto, y por supuesto que el creyente tiene la obligación de hacerlo, entonces él debe en primer lugar considerar la naturaleza de la prueba y del argumento sobre la inspiración. Sería un error depender de un argumento no válido y una mala estrategia subestimar la fuerza del enemigo. Por ello debemos saber con precisión lo que se prueba en el argumento. Lo que implica que debemos conocer las condiciones necesarias de un argumento válido primeramente. ¿En qué premisas se puede basar la conclusión? Y si hemos encontrado una premisa satisfactoria ¿qué podemos hacer para que el incrédulo la acepte? Todo esto es parte de la defensa general del Cristianismo conocido como la apologética pero ya que una apologética general es muy extensa, la presente discusión se limitará en lo posible, a la inspiración divina solamente.


[1] Gordon H. Clark, God's Hammer, the Bible and its critics, pages 31-33. See more at: www.trinitylectures.org/gods-hammer-the-bible-and-its-critics-p-87.html

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