Mas el justo vivirá por fe

¿Cómo leerías Hebreos 11 Cristocéntricamente y poder así entender de manera simple lo que significa que el justo vivirá por fe?

Comencemos con el contexto del capítulo 11 de la carta a los Hebreos, tanto antes como después, para así poder mostrar que la fe mencionada en el capíitulo 11 tiene un objetivo muy claro en la mente del autor;

Ya que “el justo por la fe vivirá” (Hebreos 10:38), y “nosotros no somos de los que se vuelven atrás para perdición sino de los que tienen fe para la preservación del alma.” (Hebreos 10:39), siendo Cristo el “autor y consumador de nuestra fe” (Hebreos 12:2), entonces bien podemos leer el capítulo 11 de la carta a los Hebreos de la manera siguiente;

Mas el justo por la fe vivirá

“Cristo es la constancia de las cosas que se esperan, la comprobación de los hechos que no se ven. Por Él recibieron buen testimonio los antiguos. Por Cristo comprendemos que el universo fue constituido por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

Por Cristo Abel ofreció a Dios un sacrificio superior al de Caín. Por Él recibió testimonio de ser justo, pues Dios dio testimonio al aceptar sus ofrendas. Y por medio de Cristo, aunque murió, habla todavía. Por Cristo Enoc fue trasladado para no ver la muerte y no fue hallado, porque Dios lo había trasladado. Antes de su traslado, recibió testimonio de haber agradado a Dios. Y sin Cristo es imposible agradar a Dios, porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él es y que es galardonador de los que le buscan.

Por Cristo Noé, habiendo sido advertido por revelación acerca de cosas que aún no habían sido vistas, movido por temor reverente preparó el arca para la salvación de su familia. Por medio de Cristo él condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia que es según Cristo. Por Cristo Abraham, cuando fue llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir por herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por Cristo habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, viviendo en tiendas con Isaac y Jacob, los coherederos de la misma promesa, porque esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por Cristo, a pesar de que Sara misma era estéril, él recibió fuerzas para engendrar un hijo cuando había pasado de la edad; porque consideró que el que lo había prometido era fiel. Y por lo tanto, de uno solo, y estando este muerto en cuanto a estas cosas, nacieron hijos como las estrellas del cielo en multitud y como la arena innumerable que está a la orilla del mar.

Conforme a Cristo murieron todos estos sin haber recibido el cumplimiento de las promesas. Más bien, las miraron de lejos y las saludaron, y confesaron que eran extranjeros y peregrinos en la tierra. Los que así hablan, claramente dan a entender que buscan otra patria. Pues si de veras se acordaran de la tierra de donde salieron tendrían oportunidad de regresar. Pero ellos anhelaban una patria superior; es decir, la celestial. Por eso Dios no se avergüenza de llamarse el Dios de ellos, porque les ha preparado una ciudad.

Por Cristo Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac. El que había recibido las promesas ofrecía a su hijo único de quien se había dicho: En Isaac te será llamada descendencia. Él consideraba que Dios era poderoso para levantar aun de entre los muertos. De allí que, hablando figuradamente, lo volvió a recibir. Por Cristo Isaac bendijo a Jacob y a Esaú respecto al porvenir. Por Cristo Jacob, cuando moría, bendijo a cada uno de los hijos de José y adoró apoyado sobre la cabeza de su bastón. Por Cristo José, llegando al fin de sus días, se acordó del éxodo de los hijos de Israel y dio mandamiento acerca de sus restos. Por Cristo Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres durante tres meses porque vieron que era un niño hermoso y porque no temieron al mandamiento del rey. Por Cristo Moisés, cuando llegó a ser grande, rehusó ser llamado hijo de la hija del faraón. Prefirió, más bien, recibir maltrato junto con el pueblo de Dios que gozar por un tiempo de los placeres del pecado. Él consideró el oprobio por Cristo como riquezas superiores a los tesoros de los egipcios, porque fijaba la mirada en el galardón. Por Cristo abandonó Egipto sin temer la ira del rey porque se mantuvo como quien ve al Invisible. Por Cristo celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos. Por Cristo ellos pasaron por el mar Rojo como por tierra seca; pero cuando lo intentaron los egipcios, fueron anegados. Por Cristo cayeron los muros de Jericó después de ser rodeados por siete días. Por Cristo no pereció la prostituta Rajab junto con los incrédulos, porque recibió en paz a los espías. ¿Qué más diré? Me faltaría el tiempo para contar de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, de Samuel y de los profetas.

Por Cristo, estos conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, sofocaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, sacaron fuerzas de la debilidad, se hicieron poderosos en batalla y pusieron en fuga los ejércitos de los extranjeros. Mujeres recibieron por resurrección a sus muertos. Unos fueron torturados, sin aceptar ser rescatados, para obtener una resurrección mejor. Otros recibieron pruebas de burlas y de azotes, además de cadenas y cárcel. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a espada. Anduvieron de un lado para otro cubiertos de pieles de ovejas y de cabras; pobres, angustiados, maltratados. El mundo no era digno de ellos. Andaban errantes por los desiertos, por las montañas, por las cuevas y por las cavernas de la tierra. Y todos estos, aunque recibieron buen testimonio por la fe, no recibieron el cumplimiento de la promesa para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros; porque Dios había provisto algo mejor para nosotros; [a Cristo].

Por tanto, nosotros también, teniendo en derredor nuestro tan grande nube de testigos, despojémonos de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos enreda, y corramos con perseverancia la carrera que tenemos delante de nosotros puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, quien por el gozo que tenía delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se ha sentado a la diestra del trono de Dios.”

Hebreos 11 y 12:1-2 (RVA-2015).

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