El axioma epistemológico fundamental de Juan Damasceno

1. La divinidad es incomprensible, y no se debe buscar ni tener muy en cuenta aquello que los santos profetas, apóstoles y evangelistas no nos han transmitido. 

A Dios nadie le ha visto jamás, el Hijo Unigénito que está en el seno del Padre, él lo reveló. Por tanto, la divinidad es inefable e incomprensible, porque nadie descubre al Padre sino el Hijo, ni tampoco al Hijo sino el Padre . Así mismo, el Espíritu Santo conoce aquello que es de Dios como el espíritu del hombre conoce lo que está en él . Después de la primera y dichosa naturaleza [de Dios], nadie jamás conoció a Dios, sino a quien él mismo lo reveló. No sólo digo esto de los hombres y de las potencias extra mundanas sino de los mismos querubines y serafines. 

Dios, no obstante, no nos dejó en una completa ignorancia, porque el conocimiento sobre la existencia de Dios ha sido esparcido en todos por él de forma natural. Así también, por medio de la naturaleza, la creación misma, su unión y gobierno anuncia la grandeza de la divinidad . Además, a través de la Ley y desde el primero de los profetas, y después a través de su Hijo unigénito Jesucristo, Señor,Dios y Salvador nuestro, [Dios] manifestó su propio conocimiento conforme es accesible a nosotros . Así pues, todo lo que nos ha sido transmitido a través de la Ley, profetas, apóstoles y evangelistas lo aceptamos, celebramos y veneramos, no yendo en busca de nada más allá de estas cosas . En efecto, al ser bueno Dios, es causa de todo bien, no por envidia ni por estar sometido a pasión alguna, «porque lejos está la envidia de la naturaleza divina, que por cierto es impasible y la única buena»7 . Por tanto, como es conocedor de todas las cosas y cuida del provecho de cada uno, reveló lo que nos aprovechaba conocer, en cambio cayó lo que no podíamos sufrir. Estas cosas son las que nosotros debemos amar, y en ellas debemos permanecer, sin quitar las fronteras eternas y sin transgredir la tradición divina . 

  1. Lo que se puede decir y lo secreto, las cosas cognoscibles y las incognoscibles

Así pues, es necesario a quien desee hablar o escuchar sobre Dios que sepa con claridad cómo ni todo es inefable, ni todo es innombrable. Por una parte están las cosas de la ciencia de Dios (teología), por otra las del gobierno del mundo (economía)10. Por tanto, ni todo es cognoscible, ni todo incognoscible. Sin embargo, una cosa es lo conocido y otra lo dicho, lo mismo que una cosa es hablar y otra conocer . Sin duda, no es posible explicar convenientemente muchas cosas sobre Dios, puesto que las comprendemos de modo oscuro. Pero por las cosas a nuestro alcance estamos obligados a hablar sobre las cosas que están por encima de nosotros; así, por ejemplo, sobre Dios decimos que tiene sueño, cólera, negligencia, o manos y pies, y otras cosas semejantes. 

Ciertamente, conocemos y confesamos que Dios no tiene principio ni fin, es eterno y también perpetuo, increado, inmóvil, inmutable, simple, no compuesto, incorpóreo, invisible, intangible, incircunscrito, infinito, incomprensible, ilimitado, inalcanzable, bueno, justo, creador de todas las criaturas, todopoderoso, soberano omnipotente, todo lo vigila, providente de todo, amo y juez. Dios es Uno, o sea, una esencia, y, asimismo, Dios se revela y existe en tres hipóstasis: Padre, Hijo y Espíritu Santo. También confesamos que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo en todo son uno, fuera de la no generación, la generación y la procesión. Y que el Hijo Unigénito de Dios, y Dios él mismo, por sus entrañas de misericordia y por nuestra salvación, por la benevolencia del Padre y con la cooperación del Espíritu Santo, fue concebido sin semilla; de modo incorruptible fue engendrado por el Espíritu Santo de la santa Virgen y Madre de Dios, María, y nació hombre perfecto de ella. Y que él mismo es igualmente hombre perfecto y Dios perfecto, de dos naturalezas (divina y humana) y en dos naturalezas intelectuales, volitivas, activas y libres. Para decirlo simplemente, tiene estas dos naturalezas de modo perfecto en el límite y proporción convenientes a cada una: la divinidad y la humanidad; pero en una hipóstasis compuesta. En efecto, tuvo hambre y sed, padeció y fue crucificado, y aceptó la experiencia de la muerte y sepultura por tres días, y regresó a los cielos, de donde no sólo vino a nosotros, sino que volverá en un futuro. Y es testigo de esto la divina Escritura y todo el coro de los santos. 

Qué es la esencia de Dios, o cómo está en todas las cosas, o cómo el Hijo Unigénito, y también Dios, se anonadó a sí mismo y se hizo hombre a partir de sangre virginal, ha biendo sido formado con otra ley divina que el modo natural de ser, o cómo caminó sobre las aguas con los pies secos , todo esto, tanto lo ignoramos como no lo podemos tratar . «En efecto, no podemos decir, o en general entender algo sobre Dios más allá de lo que nos ha sido divinamente comunicado, anunciado y manifestado por las divinas Palabras, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento»  

Juan Damasceno: Exposición de la fe, Libro I, 1-2. 

1. ¿Cuál sería el axioma epistemológico de Juan Damasceno para hacer teología?

El axioma epistemológico fundamental de Juan Damasceno para hacer teología es que no es posible decir ni pensar absolutamente nada sobre Dios más allá de lo que nos ha sido divinamente revelado.
Este principio se fundamenta en la convicción de que la esencia de la divinidad es inefable, infinita e incomprensible por naturaleza. Puesto que ninguna criatura puede conocer a Dios a menos que Él mismo decida revelarse, el límite absoluto del conocimiento teológico está marcado estrictamente por lo comunicado y manifestado a través de los oráculos divinos del Antiguo y del Nuevo Testamento.
Para el Damasceno, esta manera de acercarse al conocimiento de Dios exige una regla práctica y de actitud para el teólogo:
  • Aceptación del límite divino: Dios, siendo bueno y conocedor de lo que nos aprovecha, reveló únicamente aquello que nuestra naturaleza podía asimilar y comprender, guardando silencio sobre lo que no podíamos soportar.
  • Respeto inquebrantable a la Tradición: El teólogo debe aceptar, venerar y permanecer en todo lo que ha sido transmitido por la Ley, los profetas, los apóstoles y los evangelistas, “sin quitar las fronteras eternas y sin transgredir la tradición divina”.
  • Renuncia a la curiosidad especulativa: Se establece como regla el no ir en busca de nada más allá de estas cosas reveladas, evitando indagar o escudriñar presuntuosamente los misterios que no nos han sido entregados explícitamente.
En resumen, su axioma establece que la teología no se construye a partir de la especulación filosófica libre sobre la esencia de Dios (la cual siempre será inaccesible), sino a partir de la fidelidad a la revelación y la tradición, reconociendo que sobre Dios ni todo es cognoscible ni todo es incognoscible, sino que nos limitamos exactamente a lo que Él ha decidido manifestarnos. 

2. ¿Qué papel juega la Tradición junto a las Escrituras?

Para Juan Damasceno, la Tradición y las Sagradas Escrituras conforman conjuntamente el límite absoluto y la regla inquebrantable del conocimiento teológico. El papel de la Tradición junto a la Biblia se manifiesta en los siguientes aspectos fundamentales:
  • Patrón obligatorio y defensa contra la herejía: La Tradición funciona como el elemento único de respuesta ante los errores de fe o herejías. Apoyándose en los lineamientos del Sínodo Trulano y en Proverbios 22:28, el autor establece que la Tradición es una norma vinculante que exige a los creyentes amar, permanecer y no alterar ni “transgredir las fronteras eternas” de aquello que los Padres transmitieron y la Escritura reveló.
  • Vehículo de revelación no escrita: Un papel crucial de la Tradición es custodiar enseñanzas y prácticas cristianas que no fueron registradas textualmente en la Biblia. Citando la instrucción del apóstol Pablo a los Tesalonicenses de “conservar las tradiciones que habéis aprendido tanto de palabra, como por carta”, el Damasceno legitima mediante esta tradición apostólica no escrita costumbres esenciales de la fe, tales como la oración mirando hacia el Oriente, la veneración de las imágenes sagradas y el culto a la cruz.
  • Complemento indivisible para la ortodoxia: Todo lo que ha sido entregado por la Ley, los profetas, los evangelistas y los apóstoles, ya sea a través de textos o por medio de la transmisión viva de la Iglesia, forma un depósito unificado que debe ser recibido, celebrado y venerado por igual. La regla innegociable es darse por satisfecho con lo revelado y no buscar ni especular nada que se encuentre fuera de lo que ambas fuentes dictan.
En suma, la Tradición no es inferior ni subsidiaria a la Escritura, sino su compañera inseparable que, junto con ella, resguarda la ortodoxia de la fe, defiende a la Iglesia contra la desviación y le otorga justificación plena a la práctica y al culto cristiano.
“No traspases los linderos antiguos Que pusieron tus padres.” (Proverbios 22:28).

3. ¿Por qué la Tradición es clave para combatir las herejías?

La Tradición es clave para combatir las herejías porque funciona como el elemento único de respuesta y un patrón obligatorio frente a los errores de la fe. En el contexto de la obra de Juan Damasceno, esta importancia se fundamenta en las siguientes razones:
  • Establece límites inquebrantables: Basándose en Proverbios 22:28 (“no traspases los linderos antiguos que franquearon tus padres”), la regla principal para evitar el error es no cambiar los límites de lo que los Padres han transmitido ni de lo que la Sagrada Escritura ha revelado. Al acatar estrictamente esta transmisión, se cierran las puertas a innovaciones doctrinales.
  • Posee un carácter normativo y vinculante: El apego a la letra de la Tradición se consolidó como el sistema defensivo oficial tras el Sínodo Trulano (o Quinisexto) del año 692. El canon 19 de este concilio hizo de la Tradición una norma obligatoria explícitamente diseñada para acabar con las herejías y garantizar la ortodoxia de la fe.
  • Es el único refugio en tiempos de crisis: Durante la vida del Damasceno (siglo VIII), la Iglesia en Palestina y Siria estaba bajo el dominio islámico de los califas Omeyas, quienes concedieron una libertad que permitió la rápida expansión y resurgimiento de antiguas herejías cristianas. Además, el propio Imperio Cristiano de Oriente estaba fracturado institucionalmente por la nueva herejía iconoclasta (el rechazo al culto de las imágenes). Ante el aislamiento y la falta de apoyo imperial, aferrarse a la Tradición era la única herramienta segura para preservar la fe.
  • Garantiza la unidad a través de los Padres: Frente al avance de sectas concurrentes, la estrategia del Damasceno no fue la especulación teológica libre, sino la recopilación de un compendio de los “mejores maestros” (como Gregorio Nacianceno, Máximo el Confesor o el Pseudo-Cirilo). En tiempos donde los puntos básicos de la fe estaban bajo ataque, transmitir fielmente las palabras de los Padres era el único terreno común y seguro para afirmar la verdad.
En definitiva, la Tradición es indispensable porque actúa como el ancla y la defensa estructural de la Iglesia; obliga a los creyentes a satisfacerse con la revelación entregada y a mantenerse en la ortodoxia sin transgredir las fronteras eternas establecidas por quienes les precedieron.
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