El hombre y la mujer en Génesis

El hombre y la mujer en Génesis por Anna Anderson:

En Génesis 2 y 3, la mujer nunca se asocia con el polvo de la tierra, ni por creación ni por disolución. Su creación es inmediata y sobrenatural, como la de Adán, pero no terrenal. Ella es de su lado, צֵלָע, palabra reservada casi exclusivamente para las paredes de los objetos sagrados y estructuras hechas según el arquetipo celestial, ya sea el arca del pacto (Ex 25:12, 14; 37:3, 5, 27 ), el tabernáculo (Ex 26:20, 26; 36:25, 31, 32), el altar de bronce (Ex 26:27, 35; 27:7), el altar del incienso (30:4), el altar de de la ascensión (Ex 38:7), el templo de Salomón (1 Reyes 6:5, 8, 15, 16; 6:16, 35), el Lugar Santísimo (1 Reyes 6:16); las puertas del templo de Salomón (1 Reyes 6:35), o el templo escatológico de Ezequiel (Ezequiel 41:5, 6, 7, 9, 11, 26).
De las otras veces que צֵלָע se usa para indicar “lado” fuera del espacio sagrado, se usa una vez para indicar el “lado” de Jerusalén, una colina del monte de los Olivos (2 Samuel 16:13) y una vez para los muros de el palacio de Salomón (1 Reyes 7:3). La traducción de צֵלָע como “costilla” no tiene precedentes en las Escrituras hebreas y, sin embargo, el espacio sagrado personificado como madre, hija y, sobre todo, novia, impregna las Escrituras, desde Génesis en adelante. De hecho, el descenso de la ciudad nupcial es la última palabra sobre la consumación del primer orden, el abrazo del cielo y la tierra en la consumación de los tiempos.

Mientras que la mujer representa el cielo, tanto la ciudad madre como el pueblo nupcial, el hombre representa la tierra en su empuje hacia el cielo a través de la obediencia del Pacto. Dios identifica al hombre (adam) con la tierra (adamah) desde el principio. Está formado “para labrar la tierra” (2:5). Él es “de la tierra”, (7), encargado de cuidar las plantas que han brotado “de la tierra” (9), y nombra todas las bestias del campo y las aves del cielo que Dios formó “de la tierra” (19). Se le da la orden, “no comerás”, bajo la amenaza de la pena, que morirá, volviendo a la tierra de la que vino. Su caída conduce a la maldición de la tierra en 3:17-19. Él es representante de la tierra específicamente en su afán hacia la consumación implícita en los mandamientos de “trabajar y guardar” y de “no comer”, vistos a la luz de la promesa que se manifiesta en el árbol de la vida.

Así, la unión y comunión de el hombre y la mujer en Génesis 2:24-25 podrían ser vistos como anticipanda y futura unión y comunión de la tierra y el cielo y sus habitantes, seres humanos y ángeles, cuando el cielo y la tierra se vuelvan hueso del otro hueso y carne el uno del otra carne, para el conocimiento y la gloria del único y Trino DIOS en unión y comunión exhaustivas en sí mismo.

Anna Anderson has a MA in Religion from Reformed Theological Seminary in Washington and is pursuing her ThM at Union School of Theology in Wales.
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