El principio de subsidiariedad

En 1 Corintios capítulo 6 vemos el principio de subsidiariedad enseñado por el apóstol Pablo a los hombres y mujeres de Dios los cuales deben de estar comprometidos mutuamente para resolver todos sus problemas tan localmente como sean posible y sólo buscar ayuda cuando ésto sea necesario.

Dicho principio de subsidiariedad en su definición más amplia dispone que un asunto en una comunidad autónoma, debe ser resuelto por la autoridad representante más próxima al objeto del problema y no en espera por la intervención de una más distante a ello. Así, todo lo que no se resuelve debido a una negligencia por los individuos y la comunidad local (Mateo 18:15-17, 1 Corintios 6:5), al final lo tendrá que hacer una autoridad o comunidad distante o incluso el gobierno civil si la falta así lo requiere (Romanos 13:3-5). Sin embargo y de igual modo, todo lo que se puede resolver por la comunidad libre y gobernada por la Palabra de Dios, lo hará sin necesidad de la intervención de un gobierno externo.

Pues el principio es el mismo, entre más gobierno interno y cercano menos gobierno externo y lejano.

Porque, ¿Cuál es la bendición que goza el pueblo y la nación (familia) Cristiana y la Cristiandad?

“Porque ¿qué nación grande hay que tenga dioses tan cercanos a ellos como lo está Jehová nuestro Dios en todo cuanto le pedimos? Y ¿qué nación grande hay que tenga estatutos y juicios justos como es toda esta ley que yo pongo hoy delante de vosotros? Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos.” (Deuteronomio 4:7-9).

Política de vida

Política es el arte y la doctrina referente al gobierno y porque la Escritura habla de gobierno la Escritura habla de dicha arte y disciplina.

La política de muerte es cuando individuos creados a imagen de Dios interpolan sus responsabilidades y trabajo a un grupo de personas esperando que ellos sean quienes gobiernen bien sus vidas. La política de vida es cuando individuos creados a la imagen de Dios asumen sus responsabilidades y trabajos para gobernar bien sus vidas, sus familias, sus casas y comunidades bajo Dios.

En las palabras de Rousas J. Rushdoony; “La imagen de Dios en el hombre requiere de él trabajo, responsabilidad, autogobierno bajo Dios. Es el hombre, no el Estado, quien es creado a la imagen de Dios.” [1]

De este modo vemos que existen conservadores como quienes profesan la fe cristiana que al final son estatistas en su política, es decir, que a través de la fuerza del Estado se quiere preservar los principios y valores cristianos y esto por medio de la política de muerte. Éstos yerran la instrucción del Señor en Marcos 10:42-45.

En cambio el cristianismo que atiende la instrucción del Señor, ve el gobierno no de arriba-abajo sino de abajo-arriba; individuos renovados por la verdad de la libertad son quienes reforman y construyen familias, iglesias, sus vocaciones y ocupaciones y son pro-gobiernos limitados a la justicia ante todo.

Por otro lado el Estado y descrito correctamente como Estado Leviatán, es por naturaleza una bestia contra el gobierno de Dios mismo (Apoc 13:1-18). Y la pregunta que surge y debe ser respondida debidamente es ¿Cuál sería específicamente el gobierno de Dios aquí en la tierra?

En la escena humana este gobierno es descentralizado y bajo la dirección directa de Dios por Su Palabra Escrita, aquí las siete áreas importantes a considerar del gobierno de Dios en la vida humana; (1) el autogobierno de individuos bajo el temor de Dios, (2) la familia, (3) la iglesia, (4) las escuelas, (5) nuestras vocaciones y ocupaciones, (6) nuestra comunidades y sociedades y por último (7), el gobierno civil limitado solo a la justicia (siendo éste primus inter pares).

Esto es lo que tanto repudia y odia el Estado hambriento de poder, control y centralización, y es en esto donde la paciencia y la fe de los santos es manifiesta; en el desarrollo de una política de vida y no de muerte.

[1] Rousas J. Rushdoony, Systematic Theology Vol II, pg 1025

Toda autoridad en la tierra es limitada

Toda autoridad en la tierra por naturaleza (al no ser Dios en sí misma) es limitada y por ende es solo representativa de Dios y no una extensión de Él.

Por ejemplo, la autoridad en el hogar es nuestro Trino Dios y no el hombre en sí. El hombre solo funciona como “primus inter pares” siendo éste el responsable ante Dios de gobernar bien su casa. En la forma en que lo hace es por medio de la ética y el servicio mutuo bajo la instrucción Divina, y por consiguiente, la autoridad de los hombres y de los padres en sí misma es limitada a la justicia Divina. De este modo, el deber de toda mujer casada y de los hijos es el unirse razonable y prudentemente a sus maridos y padres para el buen gobierno de la casa, porque esto es justo ante Dios (Efesios 5:22-25, 6:1-3).

En las palabras de Gordon H. Clark;

“Ni un esposo ni tampoco un emperador tiene la autoridad de ordenar cualquier cosa contraria a la ley de Dios.”

Así, de un grupo de gente o personas el primero en representarnos comparte el mismo nivel y la misma responsabilidad ante Dios que los demás y es por su liderazgo razonable por la Palabra de Dios que despliega la autoridad establecida por Dios. Eso significa que técnicamente es igual a los demás pero puede ser visto como autoridad natural y voluntaria por sus pares (Josué 1:17).

Así y justamente, toda autoridad y gobierno en la tierra por estar bajo Dios y no ser Dios es por naturaleza limitada a la justicia Divina. 

La Reforma activa a los individuos

Toda nuestra vida es espiritual, lo cual implica que toda esfera de nuestra vida el Cristianismo en sí debe de estar presente. Y siendo la Reforma misma la expresión necesaria y consistente del Cristianismo, es sin duda el regreso esperado de quienes profesan una verdadera fe a una vida activa y ocupada para la gloria de Dios.

De ahí la influencia del Catecismo de Heidelberg en la historia de la civilización occidental siendo su título original “Catecismo o Instrucción Cristiana”;

“La conexión establecida en el Día del Señor 12 entre Cristo como Profeta, Sacerdote, Rey y el Cristiano, ha estimulado la conciencia de quienes usan el catecismo para participar activamente en la iglesia y en la sociedad.” ~Power of Faith. The influence of the Heidelberg Catechism on the Reformed spirituality. pg 25.

El credo Libertario

Pregunta #2 del Catecismo en formación Escritural Libertario;

¿Cuál es el primer principio en el credo Libertario? Que “ningún hombre ni grupo de hombres puede cometer una agresión contra la persona o la propiedad de alguna otra persona” arbitrariamente.


Génesis 9:6, Éxodo 20:13, 21:16, Mateo 5:9
Catecismo de Heidelberg, Día 40, Q&A 105


El sexto mandamiento es, junto con el octavo, los enunciados más breves en las tablas del Decálogo (Éxodo 20:13, Deuteronomio 5:17).

Calvino dice lo siguiente en cuanto a ese enunciado;

“La suma de este mandamiento es que no debemos hacerle violencia a nadie injustamente. Sin embargo, para poder restringirnos mejor de hacer daño a otros, Él propone una forma particular de ello, hacia la cual el hombre por naturaleza siente aborrecimiento; porque todos detestamos el asesinato, hasta el punto de retroceder ante aquellos cuyas manos están contaminadas con sangre, cómo si hubiera algo contagioso en ellas.” [1]

Calvino añadió luego que; “será evidente, sin embargo, más claro más adelante, que bajo la palabra matar se incluye por sinécdoque toda violencia, golpes y agresión.”

En nuestro Catecismo de Heidelberg, Día del Señor 40, Q&A 105 encontramos la siguiente pregunta y respuesta en cuanto al tema;

¿Qué exige Dios en el sexto mandamiento? (No matarás).
Que ni por mis pensamientos, palabras, actitud y aún menos por mis actos, por mí mismo o por medio de otro, llegue a injuriar, odiar, ofender o matar a mi prójimo, por el contrario, que renuncie a todo deseo de venganza; que no me haga mal a mí mismo o me exponga temerariamente al peligro. Para impedir esto, el magistrado posee la espada.

En su comentario Zacarías Ursino comenta al respecto;

“Que no agreda a nadie, significa que no dañe la vida o el cuerpo de nadie, ni por intención ni por negligencia por quien no hemos sido agredidos a menos que Dios lo requiera en nuestras manos. Es una virtud que evita cuidadosamente cualquier daño que pueda infligirse a nosotros mismos o a la seguridad de nuestro prójimo, ya sea por violencia, engaño o negligencia. Esto se expresa en las palabras del mandamiento: No matarás.” [2]

Por todo esto bien podemos estar de acuerdo con las conclusiones de Murray N. Rothbard en su Manifiesto Libertario cuando dice que;

“El credo Libertario descansa sobre un axioma central: ningún hombre ni grupo de hombres puede cometer una agresión contra la persona o la propiedad de alguna otra persona. A esto se lo puede llamar el ‘axioma de No-Agresión’. ‘Agresión’ se define como el inicio del uso o amenaza de uso de la violencia física contra la persona o propiedad de otro. Por lo tanto, agresión es sinónimo de invasión.” [3]

Ahora, para aclarar sobre el punto de partida de la fe Cristiana, ya que el axioma del credo Libertario procede de forma clara y contundente de las Escrituras, se sigue luego que éste deja de ser un axioma en el credo Libertario y se convierte en un teorema en este sistema de pensamiento, siendo sólo la Escritura nuestro único axioma por excelencia, el cual justifica toda fe y conducta sobre este principio de no-agresión o amenaza de iniciar fuerza física contra la persona, o propiedad de otro.

Así, el principio de no-agresión implica y equivale al principio de no-intervención y no-iniciación de cualquier fuerza externa ilegítima ya sea por una persona o grupo de personas, y por lo tanto, es un principio de anti-coerción.  


[1] Juan Calvino, Commentaries on the Four Last Books of Moses, III, 20.
[2] Zacharias Ursinus on the Heidelberg Catechism, 1033.
[3] Murray N. Rothbard, El Manifiesto Libertario, página 39.